Música

martes 24 de noviembre de 2009

Semanario Galway 6: El Día de Acción de Gracias


(¡Qué imagen!Me encanta el doble sentido)

Mañana es el Día de Acción de Gracias aunque nosotros decidimos celebrarlo el sábado pasado (a todos nos venia mejor).

Fue curioso formar parte de una fiesta tan ajena, pero a la vez tan familiar. Todos reunidos en el salón del apartamento de al lado, degustando la tradicional gastronomía americana del evento, riendo, charlando y descubriendo el por qué de aquella festividad.
Pavo, maíz, judías verdes, batata frita, pastel semidulce, bollería “ocasión especial”, tarta de chocolate y vino español, más concretamente de León (que, aunque no es muy común, siempre queda bien un vino) fueron los alimentos que “agradecieron” nuestros estómagos, sobre todo el mío, después de haberle castigado durante cuatro días a base de bocadillos y “fast food”.

Acción de gracias me pilló por sorpresa. Acababa de poner los pies en el encharcado suelo de Galway después de una visita a la capital holandesa y, el olor a pavo asado hizo nacer en mí un espíritu norteamericano que nunca tuve.
Me puse mis mejores galas para mimetizarme lo más posible en el entorno y así, descubrir desde dentro ese espíritu de unidad que hace que todos aquellos que vienen de intercambio a irlanda pero no necesitan aprender el idioma, se junten, acompañados de sus pupilos malangloparlantes, para disfrutar de aquella fiesta que todos conocemos gracias a la tele, pero que muchos ni siquiera saben a que santo se le dedica.
Pues bien, he de deciros que pese a que las gracias, originariamente se envíen por wifi al Señor de los señores (cosa complicada en Corrib Village, ya que aquí, internet es más independiente que los propios irlandeses y funciona cuando quiere), la raíz del asunto, posee unas pinceladas cuanto menos curiosas.
No seré yo el que corte y pegue de wikipedía, o por lo menos no en mi amado blog, así que resumiré en pocas palabras lo que la enciclopedia global y gratuita recoge sobre este asunto:

Hace mucho tiempo atrás (muchísimo si eres americano y cuatro días si eres europeo) unos protestantes ingleses desembarcaron en la costa de lo que ahora gobierna Obama. Su idea era establecer una colonia allí pero, al llegar el invierno y no tener calefacción, botas de gore-tex ni cazadoras The North Face, muchos de los que llegaron, acabaron algo más congelados que su tataranieto Walt Disney.
Los supervivientes a aquel frigorifico sin “non frost” llamado Massachussets, debieron su no transformación en “frigopies” a los indios de la zona, así que, agradecidos por la ayuda prestada por el colectivo indígena, decidieron compartir (como buenos futuros americanos) su comida con los susodichos salvadores.

Hasta aquí vamos bien. ¡Qué menos que invitar a un bocata al tipo que te acaba de dar una manta para que no mueras de frío!
De acuerdo, no me dejaré llevar por la ironía una vez más (que no es mi estilo) y acabaré por resumir el final de la historia. Luego, ya ironicen ustedes:

Pasó el tiempo y lo que era hermandad y compañía, acabo por convertirse en mal rollo.
Los wampanoag (claramente, son los indios, no los protestantes), comenzaron a sentirse incómodos con la masiva llegada de ingleses (imaginaos el lío de andar arropándolos todos los inviernos para que no se constipen y acaben doblando la servilleta), así que, entre riña y riña, acabaron llegando a las manos y, lo que comenzaron con la fraternidad y el compartir comida años atrás, terminaron por exterminar a casi la total población de indígenas.
FIN

Total, que allí estábamos todos, irlandeses, mejicanos, americanos y yo, llenando nuestros buches en la isla vecina de la que partieron hace tanto tiempo aquellos colonizadores y descubriendo (por lo menos en mi caso) el origen de algo que, debido a mi ignorancia, desconocía.
Fue divertido, lo pasamos bien pero, aunque la historia no me pareció tan graciosa como su propio nombre indica, yo me estaba riendo. Supongo que sería por que acababa de llegar de Ámsterdam…

lunes 9 de noviembre de 2009

La ciudad marrón ya no lo es tanto


(Para saber la primera parte de esta historia, remítanse al post: “La ciudad marrón”, que se encuentra en la pestaña: 2008)

Lo recordaba como si fuera ayer.
La chica se acercó a su mesa y tomaron café. Hablaron y hablaron y terminaron por adjetivar como marrón a la ciudad que los junto en el mismo sitio.
A él le pareció curioso cómo un color puede expresar tanto.
Quedaron más veces, sus charlas se convirtieron en un semanario continuo, sin interrupción. Dialogaron sobre tiempo, futuro, pasado, colores, verbos. Descubrieron que se puede tener fobia a los pájaros, que tú color favorito cambia según las circunstancias, que la leche, si viene en botecitos se convierte en algo exótico, que Mérida puede no ser la capital de Extremadura si te lo propones.
Descubrieron el sabor de los helados, el chocolate, el gel antibacteriano, las películas en versión original, la música en común, los juegos de dibujar, el café solo y el café sin azúcar.
Descubrieron la pequeña barrera entre las mesas de la cafetería, y eso fue lo que los hizo comenzar con la charla.

A veces, recordaba %, las mejores conversaciones suceden en los cafés pero, lo cierto es que después de la última que tuvo con &, no había encontrado más que té con leche y bajas dosis de interés.
El último día, mejor dicho, el último café en buena compañía ocurrió hace mucho tiempo atrás (en realidad no tanto como él cree, pero al fin y al cabo, el tiempo que le importa es el que pasa por su cabeza, no el que estipula el calendario). Fuera, el Sol arrebataba el adjetivo de marrón a la ciudad, para convertirla en algo resplandeciente.
% liaba un cigarrillo mientras & dejaba su bolso encima de la mesa. Su mirada era muy alegre, en este caso, podríamos adjetivarla como verde.

-Cuando sale el Sol se te aclaran los ojos, ¿lo sabías?
-Por favor, que cursi eres %. Respondió & burlona.
-No soy cursi, es una cuestión de claridad.

Acabaron sus bebidas y se dijeron adiós (hablaron de más cosas, pero qué os importa). Ambos sabían que pasaría tiempo hasta que una ciudad, fuese la que fuese, volviera a juntarlos de nuevo.
& tuvo que marchar en busca del origen de las especies y %, algo cansado de su estática vida, decidió probar suerte con el negocio del aire embotellada, ésta vez en otro lugar.
Ahora, después de tanto tiempo, de tantos cafés para llevar, infusiones calientes y alguna que otra cerveza, % descubre por un momento la barrera del tiempo y se queda parado frente a un paso de cebra, sin mirar, simplemente analizando toda esta serie de eventos pasados.

-Hace casi un año de la primera vez que nos sentamos juntos, de aquel primer encuentro con &.

Si buscan en este texto, un final decente, propio de una historia que aunque no tenga mucho gancho inicial, puede que se solucione con un gran desenlace, solo tienen que cambiar % y & por su nombre y el de otra persona a elegir (¿están seguros de que viven en una gran historia?).
Si por el contrario, carecen de imaginación o de ganas para cambiar el rumbo del relato, les diré que es una opción poco arriesgada y muy propia de la mayoría, no por ello menos correcta.

En el mismo momento que % decidió pararse a contemplar su interior (también, ¡vaya sitio para hacerlo!), un coche pasó rozando la acera, lo que provocó que una ola de agua y mierda de la calle, salpicara al pobre “empanado sentimental” hasta calarle su propia melancolía.

Entonces, el protagonista, en vez de cagarse en todos los muertos del conductor, decidió abstraerse aún más, hasta el punto de pensar en que era él el que conducía y que, en un día lluvioso, tan realmente marrón como aquel, se dirigía camino de la cafetería de siempre a disfrutar de un nuevo encuentro con &.

martes 3 de noviembre de 2009

Semanario Galway 5: “Big”


(Perdonen el retraso en el blog, pero estos días he tenido que atender una visita muy importante a la vez que esperada y no he podido actualizar así que, esta semana, habrá varios semanarios de golpe).

Parece que este semanario se ha convertido en un bombazo en Irlanda.
No es por dejar la modestia que me caracteriza aparte pero, es verdad.
La gente me pregunta por la calle con su peculiar acento “galwense”: ¿Eres el tipo del blog no? ¿De que hablarás la próxima semana? (claramente, en inglés).

Al principio me resultaba emocionante este reconocimiento local, pero al final resulta demasiado repetitivo. Tanto, que cansa. No puedo vivir con esta presión. Todo el mundo me pregunta por el blog y yo respondo: Wait until the next week!
Pero ellos me miran con una cara que expresa algo así como ternura y me dicen: Ok, see you man!
Lo cierto es que la vida en el extranjero para alguien que no este acostumbrado a otra cosa que vivir en su casa, no resulta para nada exótico, por mucho que pueda parecer.
Aunque, también, adjetivar a Irlanda como exótico… aun así, yo aviso, para el que quiera pedir una beca para el próximo año.
En un mes estás más que asentado.
Lo que en un principio era una aventura, como ir al supermercado y encontrar unos productos distintos o en envases del todo extraños, se convierte en el pan de cada día.
Lo que al principio era interesante como ir a clase, en un mes se convierte en complejo (derecho en otra lengua, no hay quien lo entienda a veces) o aburrido, como siempre.
Lo que al principio resultaba frustrante, como el hecho de que los pubs cierren a las 12 y los clubs (diferente significado que en España, aviso a los guarros) a las 2, ahora lo sigue siendo, aunque un poco menos.
Lo que al principio era una barrera, como lo era el idioma, ahora, desgraciadamente lo sigue siendo (aunque un pelín menos).
Vale, la vida no es tan corriente.
¿Recuerdan la película “Big”, protagonizada por Tom Hanks? Para los que no sepan la sinopsis, decirles que cuenta la historiadeunniñoquequieresermayor,echaunamonedaenunamaquinadelosdeseosysehacegrande.
Pues aquí es al revés. Cuando te vas de erasmus, es algo así como ser Tom Hanks, querer hacerse un poco más grande, ir a la máquina de los deseos y que ésta te conceda una beca miserable que vete tú a saber si nos la ingresan. Entonces, cuando crees que tú deseo está a punto de cumplirse, te encuentras en un país extranjero, hablando el inglés que los profesores te enseñaron en el colegio (si ellos no saben, que cojones te van a enseñar) o en la Escuela de Idiomas (ya dije que yo no soy de criticar…) y que tú apenas pusiste punto en aprender y que, cuando te quieres dar cuenta, todas esas ansias de crecer que tenías al poner el primer pie en el aeropuerto, se han convertido en una especie de metamorfosis de hombre a bebé, que apenas sabe comunicarse.

Pensándolo bien, el blog no ha sido tan exitoso porque, la verdad, no conozco a muchos irlandeses que hablen español, o en este caso, que lo lean. Sinceramente, creo que ni siquiera saben mi nombre.
Entonces, si no me preguntan por el semanario, ¿Qué coño querrán decirme?
Ahora entiendo sus miradas. Creo que significan algo así como: - Este tiene una empanada… ¡no está perdido ni nada el tipo!
Perdonen el pesimismo. A este paso superaré a “Las cenizas de Ángela” en nivel de depresión.

domingo 18 de octubre de 2009

Semanario Galway 4: Semana de la salud mental


Esta semana se desarrollo en mi universidad la MHW, también conocida como, la Mental Health Week o Semana de la Salud Mental de NUI Galway.
Es curioso que se celebre una especie de evento como este y que desde lunes hasta el viernes se organicen actividades destinadas a preservar nuestro equilibrio psicológico.

Me encontraba sentado en el Larmor Theatre (osease, un aula magna con nombre propio, para todos aquellos que nunca hayáis salido de vuestra casa, ¡que todo hay que explicarlo!) intentando captar lo que la profesora de Comercial Law I soltaba en su cerrado inglés de Galway, cuando decide hacer un pequeño descanso a mitad de explicación para informarnos sobre la temática psiquiátrica de la semana.
Numerosas eran las actividades que se llevarían a cabo. Desde charlas, coloquios u obras de teatro, hasta fiestas con descuentos en cerveza Bavaria o quedadas con pizza gratis incluida. Pero en ese mismo instante y antes de retomar el hilo de su explicación, la profesora decidió dar paso a un par de videos que previamente había estado buscando en youtube:

-Vídeo núm. : Animadoras bailando en un gimnasio al son de “I´m working on sunshine”.

-Vídeo núm. 2: Animadores bailando en un escenario al ritmo de “I´m working on sunshine.
(Supuse que era algo para encontrar las diferencias)
Después de visionar aquello, todos nos miramos con cara extrañada, a lo que la mujer contesto que no era nada más que un “brake” para hacernos sentir mejor, que para eso estamos en la Semana de los “taraos”.
Vale. De acuerdo. Reconozco que aquello me puso de buen humor, más por lo cómico de la situación que por lo simpático del vídeo pero, nadie puede negarme que no es cuanto menos, extraño.
Estoy tan acostumbrado a que las clases de derecho se limiten solo a eso, que cuando de repente cambian el “interesante estudio de la venta de bienes” por los videos de baile que la MTV cuelga en Internet, pues que me asombro, fíjate tú.

Cambiando de tema para llegar al mismo punto, quería destacar el gusto en el vestir que tiene un alto porcentaje de la población aquí.
Parafraseando a cualquier vecina al azar diría: “Mira que yo no soy de criticar pero…”.
Pues si, yo no soy muy de criticar pero no soporto la facilidad y/o valentía que tienen muchos y muchas irlandeses para mezclar el chándal con los zapatos, el naranja chillón con el negro y el verderrematadoconaccesoriosplateados, el maquillaje con el “gotelé” o el chubasquero del Arsenal (véase también con los de cualquier equipo de rugby) con pantalones de pinzas.
No paro de pensar en el trozo de papel que encontré la semana pasada enganchado al arbusto y no puedo más que analizarlo junto con toda esta serie de “catastróficas desdichas”.
-La gente aquí esta fatal-, es uno de los pensamientos que sin pasar por el filtro de la moral aparece primero en mi mente pero, si me pongo a organizar la información e intento llegar a algún punto coherente, no hago más que acercarme a un límite que no conozco y que ni siquiera pienso rozar.
Prefiero que cada uno siga su rumbo y dejar las cosas en su sitio, que no quiero acabar necesitando una semana de salud mental.

miércoles 7 de octubre de 2009

Semanario Galway 3: Mimetismo animal


Pasaba las horas conversando con Gilderoy.
-Qué cortos son los días del otoño irlandés.
- Más lo serán en invierno. Me advirtió mi consejero.
Es muy probable que consiga acostumbrarme a ellos pero me angustia pensar que este maldito horario termine por domar mi carácter.
- Lo bueno de este clima es que te hace saborear mejor el té.
- Tienes razón mí querido Gilderoy, aunque presiento que el gusto cambia porque sabes donde te encuentras, no porque en realidad sea cierto.
- No desperdicie la felicidad de las pequeñas cosas mi querido amigo, puesto que es lo único que nos queda. Si dejamos escapar las alegrías cotidianas, ¿qué nos aguardará más?
- Esta claro que este país no esta hecho para mí.
- Esta claro que este país no está hecho para los inconformistas. Añadió Gilderoy.

Asombrado me hallo con el descubrimiento de esta pequeña lectura.
Resulta que en uno de mis paseos matutinos, mientras descubría de nuevo el maravilloso paisaje que se encuentra justo detrás de mi residencia (miren la foto), poso la vista en un arbusto y encuentro enganchado este texto.
El texto estaba en castellano y algunas de las palabras finales habían desaparecido como consecuencia del mal tiempo pero, el amarillento papel que tuve la oportunidad de descubrir, dejóme maravillado, cuanto menos.
Por si no lo saben, estoy en Galway, ciudad donde las haya (¿y dónde las hay? Se preguntarán ustedes) y, en mis años de vida que pasan de sobra la veintena, nunca había leído un pasaje que se encontrara enganchado a un arbusto, en un castellano tan bien cuidado.
Qué extraño, insólito documento, no puedo parar de pensar en su dueño o creador (ya que he omitido anteriormente que el papel estaba escrito a mano, con una depuradísima técnica caligráfica). Leo y releo el papel en casa, y cuando tengo tiempo, imagino historias a partir de sus personajes.
Quienes serán, por qué el dichoso texto está escrito en castellano estando donde estaba, cuál es la razón de su añeja forma de hablar si el papel, aunque amarillento, no tiene pinta de estar escrito hace más de 10 años, qué alguien me explique la razón de su esmerada escritura, algo así como con letra de cuadernillo rubio de colegio privado.

Todo esto me preguntaba yo, tal como está escrito, sin signos de interrogación ni nada, porque cuando uno piensa, no necesita signos para entonar sus pensamientos y, por más que le daba vueltas al asunto, no conseguía llegar a ninguna conclusión.
Por tanto, llegados al punto en que mis elucubraciones no paraban de toparse una y otra vez, decidí dejar de lado por un tiempo el asunto, y volver de nuevo la vista hacia el horizonte porque, dice el dicho que el que no piensa es más feliz, así que, al carro del No Esfuerzo, ¡me apunto el primero!

Después de esto, que acaeció hará exactamente varios días, apenas he tenido tiempo para seguir analizando minuciosamente el contenido de este continente llamado Irlanda, pero he llegado a una conclusión y es que si algo me gusta de verdad, es el fútbol.
El fútbol es la mejor manera que tiene un español con poca idea del inglés para entablar conversación con un irlandés universitario de primer año y encima, caer bien. Todos conocen al “Barzlonae” y al “Sivile” (Sevilla) o al Medride y todos se emocionan al hablar de nuestra liga y de nuestros jugadores. Por eso, me dedico a dar consejos, o más bien me dediqué (ya que el irlandés que vivía en mi piso termino por marcharse, thank god!) durante varias jornadas acerca de las apuestas que llevar a cabo en los “Bookmakers”. Tiene gracia, esto es lo que yo llamo mimetismo animal.

Camaleones del mundo, ¡uníos!

miércoles 30 de septiembre de 2009

Semanario Galway 2: Dublín y el oro negro irlandés


Muchas cosas distancian a Irlanda de España: el Sol, la lluvia, la gente, las diferentes costumbres, los precios, el idioma, los kilómetros… Cosas que, si hubiese omitido, el texto no habría perdido interés, sino que incluso habría ganado lectores pero, debido a mi holgazanería, no me apetece pensar en otra introducción con más gancho, que para eso esto lo hago gratis.
Como decía, las diferencias son elevadas, y hay que reconocer, que en lo que a vender el producto se refiere, los irlandeses nos llevan años de ventaja.
El producto se llama Guinness y es algo así como una cerveza que tiene muy buena pinta (aquí la gente dice “pint”) aunque cuando llevas bebida la mitad piensas: no está mal pero, si no le hubieran dado tanto bombo, me hubiese pedido una Murphy´s.
A pesar de todo, tuve la suerte de visitar la fábrica el día en que se cumplía su 250 aniversario (bueno, dos días más tarde, pero todavía lo seguían celebrando vaya) y digo lo de suerte porque recurrir a la ironía siempre me ha gustado, pero que me expliquen en cuatro paneles (muy bien iluminados, eso si) el procedimiento de elaboración de la dichosa cervecita y acto seguido mandarte a freír “noodles” (tras la toma gratuita de una de las susodichas, menos mal) podría habérmelo ahorrado con un simple vistazo en wikipedia.
No obstante, no fui el único turista que cayó en la trampa de la fabricación del oro negro irlandés. Junto a mi se encontraban ilusos de todo el mundo que leían y releían los cartelitos explicativos con la desesperada intención de amortizar en la medida de lo posible el elevado precio de la entrada aunque, para mi asombro, al llegar a la última planta de aquel curioso edificio con forma de pinta (¡es que ya es obsesión!), la mayoría de la gente al pedir su cerveza de recompensa, le daba dos sorbos y la abandonaba (¿que hubierais hecho vosotros en esa situación? Pensad en una de las múltiples soluciones).
Con esto no quiero deciros que no vayáis a visitar la Guinness Storehouse, de hecho, hacerlo, que como dice el refrán: “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Cambiando de tercio, Dublín es una ciudad que no está mal. Bueno, ni bien ni mal, normal, yo que se, ir y verla, que tampoco os sale tan caro, es que me ponéis en un aprieto que ahora mismo no te se decir... Tal vez los puentes si que son bonitos, y el colorido de los edificios del centro también están bien. De hecho, lo que más me gustó fue Temple Bar, que es la zona de fiesta y está repleta de buenos grupos de música callejeros y de numerosos conciertos nocturnos (alta calidad, lo aseguro). Pero, que yo os cuente todo esto, o que lo busquéis vosotros mismos en una guía es lo mismo, así que, tampoco es necesario que me explaye más, que Dublín en una tarde está visto, como quien dice.
En resumen, el pesimismo que surge de los poros de este texto sin poros no lo es tanto, teniendo en cuenta que si a uno le gusta viajar, siempre le va a parecer interesante conocer nuevos lugares. Además, no creo que lo más interesante de Irlanda sea su capital, sino que lo más interesante es la Guinness, conocida en el mundo entero y publicitada hasta en los baños de este país en el que me encuentro. Y si al final, lo más interesante no es la Guinness da igual, porque ellos han conseguido metértela tanto en la cabeza a través de anuncios y más anuncios, que cuando cualquiera de los turistas (exceptuando tal vez los que visitaron la fabrica) que vuelva a su casa después de sus vacaciones y vaya a un pub irlandes, pedirá una de estas oscuras cervezas y le dirá a su acompañante:
-¿Te acuerdas “cari” de lo diferentes que sabían en Irlanda?
-Es verdad, es que allí no tienen ni punto de comparación.
Y los amigos creerán el mito y acabarán visitando irlanda, y se desengañarán al probar el primer trago pero, como no tendrán valor, seguirán con la misma mentira y así que el mito seguirá existiendo.

Por eso, aprendamos de esta gente y publicitemos el jamón que la verdad es que aquí sabe totalmente diferente, entre otras cosas porque solo lo hay de york.

lunes 14 de septiembre de 2009

Semanario Galway: “Introduciéndoos en harina”


Galway, ciudad donde las haya (¿y donde las hay? Se preguntarán ustedes), repleta de estudiantes, pubs irlandeses (obviamente) y lluvia (eso dicen, por que en lo que llevo aquí no he visto apenas una gota).
Suena raro despertarse por la mañana y decir good morning!, en vez de ¡buenos días majo! a alguno de tus compañeros de piso, pero la vida en los países de habla inglesa suele ser así.
A parte de dar los buenos días en inglés, solemos hablarlo todo en ese idioma que inventaron los colegios españoles para ser impartido por profesores ineptos que te llevan al fracaso escolar y que cuando te quieres dar cuenta estas de erasmus en irlanda y no sabes ni pedir un café con churros porque vete tu a saber como se piden unos churros en estos países pero, al final uno termina acostumbrándose y comienza incluso a soñar mitad en español mitad en inglés.
Menos mal que no se les entiende cuando hablan a los galwenses o galweños (da igual, ninguna de ellas es correcta), porque al solo tener una o dos horas de clase al día, tengo tanto tiempo libre que bien puedo usarlo en descifrar su jerga o pensar una estratagema para recuperar el orden y el civismo entre los habitantes de Corrib Village (que al español se traduce como: mi residencia).
Y digo bien acerca de recuperar el orden y el civismo porque, y pese a que no suelo creer en los tópicos, es cierto que los irlandeses sobrios pueden ser simpáticos pero, ebrios y en manada pueden llegar incluso a atacar al hombre. Esto no es mentira y me remito a la pasada noche en la que a eso de las 3 de la madrugada, mis compañeros de piso y yo tuvimos que salir cagando guinnes (que pa’ eso estamos en irlanda) del cuarto porque nuestros vecinos irlandeses de primer curso habían comenzado a quemar su cocina y el humo llegaba hasta nuestra puerta. En fin, ante estas cosas y la pésima manera en la que el personal de seguridad concluyó el asunto, no me queda más que agachar la cabeza, respirar hondo y decir entre dientes: a lo mejor en españa no estamos tan mal. Tal vez a veces somos un poco vándalos pero por lo menos no cobramos 4,20 euros por un pequeño frasco de vinagre de módena.
Y esa es otra, la comida es carísima, tan cara incluso que el otro día pedí un café con una magdalena en la universidad, y tuve que llamar a mis padres para que avalaran una hipoteca con la que pudiera sufragar los gastos de aquel “breakfast”.
En fin, esto no es más que una absurda presentación de lo que espero sea mi diario/semanario/escribo si tengo algo interesante que contar, así que, como comenzará en breve, os propongo hacerlo más interactivo y que me hagáis preguntas con respecto a la vida en irlanda, qué os gustaría que apareciera en la siguiente entrega, o si pensáis que todo lo que cuento es mentira. También admito sugerencias e incluso críticas (constructivas, eso si) y así, con vuestra ayuda, conseguir ser el blog más visitado y más comentado de la historia de los blogs (jeje bueno, con esto quiero decir que entreis, que se agradece, que ahora no solo voy a publicar solo relatos, sino también vivencias (pero vividas o no, eso ya es otra cosa)
Así que, después de esto, solo me queda despedir esta presentación y esperar a que estéis en vuestras casas deseosos de encontraros con nueva e irrelevante información, y así de paso darme el gusto de encender cada mañana el ordenador y ver La Involución del Mono repleta de visitas y comentarios (que no os cuesta nada, y uno lo agradece mucho oye)

Un saludo a todos los que seguís este blog, que rondáis el millón y medio de personas (o no).