Música

martes, 3 de noviembre de 2009

Semanario Galway 5: “Big”


(Perdonen el retraso en el blog, pero estos días he tenido que atender una visita muy importante a la vez que esperada y no he podido actualizar así que, esta semana, habrá varios semanarios de golpe).

Parece que este semanario se ha convertido en un bombazo en Irlanda.
No es por dejar la modestia que me caracteriza aparte pero, es verdad.
La gente me pregunta por la calle con su peculiar acento “galwense”: ¿Eres el tipo del blog no? ¿De que hablarás la próxima semana? (claramente, en inglés).

Al principio me resultaba emocionante este reconocimiento local, pero al final resulta demasiado repetitivo. Tanto, que cansa. No puedo vivir con esta presión. Todo el mundo me pregunta por el blog y yo respondo: Wait until the next week!
Pero ellos me miran con una cara que expresa algo así como ternura y me dicen: Ok, see you man!
Lo cierto es que la vida en el extranjero para alguien que no este acostumbrado a otra cosa que vivir en su casa, no resulta para nada exótico, por mucho que pueda parecer.
Aunque, también, adjetivar a Irlanda como exótico… aun así, yo aviso, para el que quiera pedir una beca para el próximo año.
En un mes estás más que asentado.
Lo que en un principio era una aventura, como ir al supermercado y encontrar unos productos distintos o en envases del todo extraños, se convierte en el pan de cada día.
Lo que al principio era interesante como ir a clase, en un mes se convierte en complejo (derecho en otra lengua, no hay quien lo entienda a veces) o aburrido, como siempre.
Lo que al principio resultaba frustrante, como el hecho de que los pubs cierren a las 12 y los clubs (diferente significado que en España, aviso a los guarros) a las 2, ahora lo sigue siendo, aunque un poco menos.
Lo que al principio era una barrera, como lo era el idioma, ahora, desgraciadamente lo sigue siendo (aunque un pelín menos).
Vale, la vida no es tan corriente.
¿Recuerdan la película “Big”, protagonizada por Tom Hanks? Para los que no sepan la sinopsis, decirles que cuenta la historiadeunniñoquequieresermayor,echaunamonedaenunamaquinadelosdeseosysehacegrande.
Pues aquí es al revés. Cuando te vas de erasmus, es algo así como ser Tom Hanks, querer hacerse un poco más grande, ir a la máquina de los deseos y que ésta te conceda una beca miserable que vete tú a saber si nos la ingresan. Entonces, cuando crees que tú deseo está a punto de cumplirse, te encuentras en un país extranjero, hablando el inglés que los profesores te enseñaron en el colegio (si ellos no saben, que cojones te van a enseñar) o en la Escuela de Idiomas (ya dije que yo no soy de criticar…) y que tú apenas pusiste punto en aprender y que, cuando te quieres dar cuenta, todas esas ansias de crecer que tenías al poner el primer pie en el aeropuerto, se han convertido en una especie de metamorfosis de hombre a bebé, que apenas sabe comunicarse.

Pensándolo bien, el blog no ha sido tan exitoso porque, la verdad, no conozco a muchos irlandeses que hablen español, o en este caso, que lo lean. Sinceramente, creo que ni siquiera saben mi nombre.
Entonces, si no me preguntan por el semanario, ¿Qué coño querrán decirme?
Ahora entiendo sus miradas. Creo que significan algo así como: - Este tiene una empanada… ¡no está perdido ni nada el tipo!
Perdonen el pesimismo. A este paso superaré a “Las cenizas de Ángela” en nivel de depresión.

domingo, 18 de octubre de 2009

Semanario Galway 4: Semana de la salud mental


Esta semana se desarrollo en mi universidad la MHW, también conocida como, la Mental Health Week o Semana de la Salud Mental de NUI Galway.
Es curioso que se celebre una especie de evento como este y que desde lunes hasta el viernes se organicen actividades destinadas a preservar nuestro equilibrio psicológico.

Me encontraba sentado en el Larmor Theatre (osease, un aula magna con nombre propio, para todos aquellos que nunca hayáis salido de vuestra casa, ¡que todo hay que explicarlo!) intentando captar lo que la profesora de Comercial Law I soltaba en su cerrado inglés de Galway, cuando decide hacer un pequeño descanso a mitad de explicación para informarnos sobre la temática psiquiátrica de la semana.
Numerosas eran las actividades que se llevarían a cabo. Desde charlas, coloquios u obras de teatro, hasta fiestas con descuentos en cerveza Bavaria o quedadas con pizza gratis incluida. Pero en ese mismo instante y antes de retomar el hilo de su explicación, la profesora decidió dar paso a un par de videos que previamente había estado buscando en youtube:

-Vídeo núm. : Animadoras bailando en un gimnasio al son de “I´m working on sunshine”.

-Vídeo núm. 2: Animadores bailando en un escenario al ritmo de “I´m working on sunshine.
(Supuse que era algo para encontrar las diferencias)
Después de visionar aquello, todos nos miramos con cara extrañada, a lo que la mujer contesto que no era nada más que un “brake” para hacernos sentir mejor, que para eso estamos en la Semana de los “taraos”.
Vale. De acuerdo. Reconozco que aquello me puso de buen humor, más por lo cómico de la situación que por lo simpático del vídeo pero, nadie puede negarme que no es cuanto menos, extraño.
Estoy tan acostumbrado a que las clases de derecho se limiten solo a eso, que cuando de repente cambian el “interesante estudio de la venta de bienes” por los videos de baile que la MTV cuelga en Internet, pues que me asombro, fíjate tú.

Cambiando de tema para llegar al mismo punto, quería destacar el gusto en el vestir que tiene un alto porcentaje de la población aquí.
Parafraseando a cualquier vecina al azar diría: “Mira que yo no soy de criticar pero…”.
Pues si, yo no soy muy de criticar pero no soporto la facilidad y/o valentía que tienen muchos y muchas irlandeses para mezclar el chándal con los zapatos, el naranja chillón con el negro y el verderrematadoconaccesoriosplateados, el maquillaje con el “gotelé” o el chubasquero del Arsenal (véase también con los de cualquier equipo de rugby) con pantalones de pinzas.
No paro de pensar en el trozo de papel que encontré la semana pasada enganchado al arbusto y no puedo más que analizarlo junto con toda esta serie de “catastróficas desdichas”.
-La gente aquí esta fatal-, es uno de los pensamientos que sin pasar por el filtro de la moral aparece primero en mi mente pero, si me pongo a organizar la información e intento llegar a algún punto coherente, no hago más que acercarme a un límite que no conozco y que ni siquiera pienso rozar.
Prefiero que cada uno siga su rumbo y dejar las cosas en su sitio, que no quiero acabar necesitando una semana de salud mental.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Semanario Galway 3: Mimetismo animal


Pasaba las horas conversando con Gilderoy.
-Qué cortos son los días del otoño irlandés.
- Más lo serán en invierno. Me advirtió mi consejero.
Es muy probable que consiga acostumbrarme a ellos pero me angustia pensar que este maldito horario termine por domar mi carácter.
- Lo bueno de este clima es que te hace saborear mejor el té.
- Tienes razón mí querido Gilderoy, aunque presiento que el gusto cambia porque sabes donde te encuentras, no porque en realidad sea cierto.
- No desperdicie la felicidad de las pequeñas cosas mi querido amigo, puesto que es lo único que nos queda. Si dejamos escapar las alegrías cotidianas, ¿qué nos aguardará más?
- Esta claro que este país no esta hecho para mí.
- Esta claro que este país no está hecho para los inconformistas. Añadió Gilderoy.

Asombrado me hallo con el descubrimiento de esta pequeña lectura.
Resulta que en uno de mis paseos matutinos, mientras descubría de nuevo el maravilloso paisaje que se encuentra justo detrás de mi residencia (miren la foto), poso la vista en un arbusto y encuentro enganchado este texto.
El texto estaba en castellano y algunas de las palabras finales habían desaparecido como consecuencia del mal tiempo pero, el amarillento papel que tuve la oportunidad de descubrir, dejóme maravillado, cuanto menos.
Por si no lo saben, estoy en Galway, ciudad donde las haya (¿y dónde las hay? Se preguntarán ustedes) y, en mis años de vida que pasan de sobra la veintena, nunca había leído un pasaje que se encontrara enganchado a un arbusto, en un castellano tan bien cuidado.
Qué extraño, insólito documento, no puedo parar de pensar en su dueño o creador (ya que he omitido anteriormente que el papel estaba escrito a mano, con una depuradísima técnica caligráfica). Leo y releo el papel en casa, y cuando tengo tiempo, imagino historias a partir de sus personajes.
Quienes serán, por qué el dichoso texto está escrito en castellano estando donde estaba, cuál es la razón de su añeja forma de hablar si el papel, aunque amarillento, no tiene pinta de estar escrito hace más de 10 años, qué alguien me explique la razón de su esmerada escritura, algo así como con letra de cuadernillo rubio de colegio privado.

Todo esto me preguntaba yo, tal como está escrito, sin signos de interrogación ni nada, porque cuando uno piensa, no necesita signos para entonar sus pensamientos y, por más que le daba vueltas al asunto, no conseguía llegar a ninguna conclusión.
Por tanto, llegados al punto en que mis elucubraciones no paraban de toparse una y otra vez, decidí dejar de lado por un tiempo el asunto, y volver de nuevo la vista hacia el horizonte porque, dice el dicho que el que no piensa es más feliz, así que, al carro del No Esfuerzo, ¡me apunto el primero!

Después de esto, que acaeció hará exactamente varios días, apenas he tenido tiempo para seguir analizando minuciosamente el contenido de este continente llamado Irlanda, pero he llegado a una conclusión y es que si algo me gusta de verdad, es el fútbol.
El fútbol es la mejor manera que tiene un español con poca idea del inglés para entablar conversación con un irlandés universitario de primer año y encima, caer bien. Todos conocen al “Barzlonae” y al “Sivile” (Sevilla) o al Medride y todos se emocionan al hablar de nuestra liga y de nuestros jugadores. Por eso, me dedico a dar consejos, o más bien me dediqué (ya que el irlandés que vivía en mi piso termino por marcharse, thank god!) durante varias jornadas acerca de las apuestas que llevar a cabo en los “Bookmakers”. Tiene gracia, esto es lo que yo llamo mimetismo animal.

Camaleones del mundo, ¡uníos!

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Semanario Galway 2: Dublín y el oro negro irlandés


Muchas cosas distancian a Irlanda de España: el Sol, la lluvia, la gente, las diferentes costumbres, los precios, el idioma, los kilómetros… Cosas que, si hubiese omitido, el texto no habría perdido interés, sino que incluso habría ganado lectores pero, debido a mi holgazanería, no me apetece pensar en otra introducción con más gancho, que para eso esto lo hago gratis.
Como decía, las diferencias son elevadas, y hay que reconocer, que en lo que a vender el producto se refiere, los irlandeses nos llevan años de ventaja.
El producto se llama Guinness y es algo así como una cerveza que tiene muy buena pinta (aquí la gente dice “pint”) aunque cuando llevas bebida la mitad piensas: no está mal pero, si no le hubieran dado tanto bombo, me hubiese pedido una Murphy´s.
A pesar de todo, tuve la suerte de visitar la fábrica el día en que se cumplía su 250 aniversario (bueno, dos días más tarde, pero todavía lo seguían celebrando vaya) y digo lo de suerte porque recurrir a la ironía siempre me ha gustado, pero que me expliquen en cuatro paneles (muy bien iluminados, eso si) el procedimiento de elaboración de la dichosa cervecita y acto seguido mandarte a freír “noodles” (tras la toma gratuita de una de las susodichas, menos mal) podría habérmelo ahorrado con un simple vistazo en wikipedia.
No obstante, no fui el único turista que cayó en la trampa de la fabricación del oro negro irlandés. Junto a mi se encontraban ilusos de todo el mundo que leían y releían los cartelitos explicativos con la desesperada intención de amortizar en la medida de lo posible el elevado precio de la entrada aunque, para mi asombro, al llegar a la última planta de aquel curioso edificio con forma de pinta (¡es que ya es obsesión!), la mayoría de la gente al pedir su cerveza de recompensa, le daba dos sorbos y la abandonaba (¿que hubierais hecho vosotros en esa situación? Pensad en una de las múltiples soluciones).
Con esto no quiero deciros que no vayáis a visitar la Guinness Storehouse, de hecho, hacerlo, que como dice el refrán: “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Cambiando de tercio, Dublín es una ciudad que no está mal. Bueno, ni bien ni mal, normal, yo que se, ir y verla, que tampoco os sale tan caro, es que me ponéis en un aprieto que ahora mismo no te se decir... Tal vez los puentes si que son bonitos, y el colorido de los edificios del centro también están bien. De hecho, lo que más me gustó fue Temple Bar, que es la zona de fiesta y está repleta de buenos grupos de música callejeros y de numerosos conciertos nocturnos (alta calidad, lo aseguro). Pero, que yo os cuente todo esto, o que lo busquéis vosotros mismos en una guía es lo mismo, así que, tampoco es necesario que me explaye más, que Dublín en una tarde está visto, como quien dice.
En resumen, el pesimismo que surge de los poros de este texto sin poros no lo es tanto, teniendo en cuenta que si a uno le gusta viajar, siempre le va a parecer interesante conocer nuevos lugares. Además, no creo que lo más interesante de Irlanda sea su capital, sino que lo más interesante es la Guinness, conocida en el mundo entero y publicitada hasta en los baños de este país en el que me encuentro. Y si al final, lo más interesante no es la Guinness da igual, porque ellos han conseguido metértela tanto en la cabeza a través de anuncios y más anuncios, que cuando cualquiera de los turistas (exceptuando tal vez los que visitaron la fabrica) que vuelva a su casa después de sus vacaciones y vaya a un pub irlandes, pedirá una de estas oscuras cervezas y le dirá a su acompañante:
-¿Te acuerdas “cari” de lo diferentes que sabían en Irlanda?
-Es verdad, es que allí no tienen ni punto de comparación.
Y los amigos creerán el mito y acabarán visitando irlanda, y se desengañarán al probar el primer trago pero, como no tendrán valor, seguirán con la misma mentira y así que el mito seguirá existiendo.

Por eso, aprendamos de esta gente y publicitemos el jamón que la verdad es que aquí sabe totalmente diferente, entre otras cosas porque solo lo hay de york.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Semanario Galway: “Introduciéndoos en harina”


Galway, ciudad donde las haya (¿y donde las hay? Se preguntarán ustedes), repleta de estudiantes, pubs irlandeses (obviamente) y lluvia (eso dicen, por que en lo que llevo aquí no he visto apenas una gota).
Suena raro despertarse por la mañana y decir good morning!, en vez de ¡buenos días majo! a alguno de tus compañeros de piso, pero la vida en los países de habla inglesa suele ser así.
A parte de dar los buenos días en inglés, solemos hablarlo todo en ese idioma que inventaron los colegios españoles para ser impartido por profesores ineptos que te llevan al fracaso escolar y que cuando te quieres dar cuenta estas de erasmus en irlanda y no sabes ni pedir un café con churros porque vete tu a saber como se piden unos churros en estos países pero, al final uno termina acostumbrándose y comienza incluso a soñar mitad en español mitad en inglés.
Menos mal que no se les entiende cuando hablan a los galwenses o galweños (da igual, ninguna de ellas es correcta), porque al solo tener una o dos horas de clase al día, tengo tanto tiempo libre que bien puedo usarlo en descifrar su jerga o pensar una estratagema para recuperar el orden y el civismo entre los habitantes de Corrib Village (que al español se traduce como: mi residencia).
Y digo bien acerca de recuperar el orden y el civismo porque, y pese a que no suelo creer en los tópicos, es cierto que los irlandeses sobrios pueden ser simpáticos pero, ebrios y en manada pueden llegar incluso a atacar al hombre. Esto no es mentira y me remito a la pasada noche en la que a eso de las 3 de la madrugada, mis compañeros de piso y yo tuvimos que salir cagando guinnes (que pa’ eso estamos en irlanda) del cuarto porque nuestros vecinos irlandeses de primer curso habían comenzado a quemar su cocina y el humo llegaba hasta nuestra puerta. En fin, ante estas cosas y la pésima manera en la que el personal de seguridad concluyó el asunto, no me queda más que agachar la cabeza, respirar hondo y decir entre dientes: a lo mejor en españa no estamos tan mal. Tal vez a veces somos un poco vándalos pero por lo menos no cobramos 4,20 euros por un pequeño frasco de vinagre de módena.
Y esa es otra, la comida es carísima, tan cara incluso que el otro día pedí un café con una magdalena en la universidad, y tuve que llamar a mis padres para que avalaran una hipoteca con la que pudiera sufragar los gastos de aquel “breakfast”.
En fin, esto no es más que una absurda presentación de lo que espero sea mi diario/semanario/escribo si tengo algo interesante que contar, así que, como comenzará en breve, os propongo hacerlo más interactivo y que me hagáis preguntas con respecto a la vida en irlanda, qué os gustaría que apareciera en la siguiente entrega, o si pensáis que todo lo que cuento es mentira. También admito sugerencias e incluso críticas (constructivas, eso si) y así, con vuestra ayuda, conseguir ser el blog más visitado y más comentado de la historia de los blogs (jeje bueno, con esto quiero decir que entreis, que se agradece, que ahora no solo voy a publicar solo relatos, sino también vivencias (pero vividas o no, eso ya es otra cosa)
Así que, después de esto, solo me queda despedir esta presentación y esperar a que estéis en vuestras casas deseosos de encontraros con nueva e irrelevante información, y así de paso darme el gusto de encender cada mañana el ordenador y ver La Involución del Mono repleta de visitas y comentarios (que no os cuesta nada, y uno lo agradece mucho oye)

Un saludo a todos los que seguís este blog, que rondáis el millón y medio de personas (o no).

martes, 11 de agosto de 2009

La tele de plasma


Ejem.- Remigio despierta cada mañana a su perro con un masaje en el lomo. No son caricias las que hacen que Rayo despierte al vecindario con un ladrido, son masajes de verdad. Remigio era fisioterapeuta y cree que la salud de su perro, se mantendrá indemne con unos precisos y diarios golpes de mano.
Después de la sesión de fricciones, toca baño. Cuando comienza el día y los músculos del cánido están preparados para afrontar una nueva jornada, Remigio, que es un fanático de la higiene, frota el pelaje de Rayo a base de esponja y jabón (dermatológicamente probado), culminando el proceso con varios remojos en agua fría y caliente ya que, como muy bien sabe Remigio, ayudan a la circulación.
No son precisamente maratones lo que Rayo practica cuando sale de paseo. Este, tras ingerir un opulento desayuno a base de tortitas y zumo de arándanos, exhibe su masajeado y limpio cuerpo de perro por la calle principal del pueblo.
Su amo, orgulloso del aspecto de la mascota, eleva el mentón en señal de superioridad, guiando al chucho en un desfile majestuoso a través de paisanos atónitos, tractores y animales de clase inferior, o por lo menos, peor cuidados.
La perfección a la que parecen acercarse estos dos seres, disienta mucho de la realidad de sus vidas. Una fachada limpia es lo único que pueden exponer ante los ojos de sus convecinos. El pasado no perdona y las fechorías cometidas por el dúo metrosexual humano-perro no son olvidadas por los parroquianos de San Celemín.
-Vale, me gusta.
- Pero… ¡si no he acabado de leerle mi resumen!
- Ya, bueno, pero hay personajes extravagantes, algo de intriga… esta bien. Creo que será un gran éxito en taquilla.
El guionista afortunado no comprendía la filosofía de Hollywood. Sus guiones carecían de argumento y aún así, conseguían ser llevados a la gran pantalla.
Harto de no sentirse satisfecho con sus propuestas (por mucho dinero que le produjesen), había comenzado a beber y a coquetear con las drogas. Su mujer no lo comprendía. “Mucho trabajo y éxito pero, mis obras están vacías, ¿sabe? No soy el Capote que soñaba ser. “
No esperaría a que le ingresaran el dinero que había ganado con su basura literaria. Pisó fuerte el acelerador de su deportivo y enfiló la carretera dispuesto a desintegrarse contra lo primero que se cruzara en su camino.
De repente, comenzó a sonar el móvil. Rápido y paradójicamente cauto, encendió el manos libres:
- ¿Si?-
-Le llamo por lo de la televisión de plasma de 57 pulgadas, HD, conexión a Internet incorporada, visión panorámica, etc. etc. que había encargado. La estamos llevando para su casa. -
-Emm… muchas gracias, voy para allá-

El guionista afortunado apagó el manos libres y aminoró su marcha. Pese a que nunca sería estudiado por los filólogos, elevaría el mentón en señal de superioridad y conduciría su coche en un majestuoso desfile por las calles de la ciudad.
Ahora solo tenía una imagen en su mente: la tele de plasma.

jueves, 23 de julio de 2009

"Jo" qué día


Me despierto entre una maraña de sábanas arrugadas.
El calor estival me repugna. Más que en Madrid parece que vivo en el Congo.
Entre sudores desperezo mis agarrotados músculos con una danza parecida al crepitar de las llamas de una hoguera de campamento, o mejor dicho, a un ataque epiléptico provocado por el puto despertador.
¿La 08:00? ¿Qué horas son estas? ¿Estoy de vacaciones y me levanto a las 8:00? Me doy asco. No soy lo suficientemente decidido para buscar un trabajo ni lo suficientemente trabajador para aprobar todo en junio, por eso mis pies se ponen en el suelo en señal de derrota. He de ir a estudiar.
El mismo ritual de siempre. El espejo muestra una cara de agotamiento matutina muy propia de mi. Entro en la ducha y decido hacer caso omiso a la única parte del cuerpo que es capaz de despertarse a la hora sin necesidad de alarma. El agua cae sobre mi alborotado pelo y pronto me cubre por completo como si de una segunda piel se tratara. Todos los días la misma mierda.


Enciendo la radio mientras desayuno (no me apetece volver a ver los capítulos repetidos de ‘El Principe de Bel Air)’ y para colmo, cuatro tertulianos me dan los buenos días con una “ligera” explicación sobre la crisis económica. Genial, Buenos días a vosotros también, majetes.
Me gusta desayunar café con leche y un par de magdalenas. Es sencillo de preparar (ya que las magdalenas están hechas y el café es de sobre), por eso me gusta, si no, probablemente ni desayunaría.
Ahora viene el momento de salir a la calle con los diente limpios y una esperanzadora visión del mundo que hoy afrontaremos, por eso decido plasmarlo en un papel, para enseñaros a todos mi original historia.

La biblioteca está atestada de gente, supongo que muchos como yo, que dignifican sus jornadas vacacionales con apuntes fotocopiados de un colega que a su vez se los dejo a otro colega que dice que el primero sacó muy buenas notas con ellos y que vienen muy bien resumidos. Seguro.

Allí, en ese “antro de dignificación y hombres de provecho” me encuentro con unos amigos que, supongo no habrán analizado tan a fondo su miserable existencia estudiantil a la hora del desayuno y por eso habrán tardado menos en llegar. Me guardan un sitio cerca de una ventana, pero da igual, no hay aire acondicionado y, pese a que Madrid no sea una ciudad costera y que el tipo de clima que aquí se estila es el glaciar, el calor se cuela por el hueco de la ventana para convertir mis apuntes de Hacienda Pública en una tortura peor que las que pueda realizar en Guantánamo nuestro querido Imperio.

Miro el reloj, solo han pasado veinte minutos desde que llegué a la biblioteca y ya me estoy deshaciendo por dentro. Debí haber “evacuado” cuando tuve ocasión en casa. Ahora es demasiado tarde.
Las horas aquí son un infierno, me siento como un soldado de Napoleón pasando su “mejor invierno” en un campo de batalla y escribiendo una carta a un ser querido.

El tiempo de descanso dejó paso a otro par de horas más de estudio, aderezadas con el calor procedente de la calle y las interminables hojas que explicaban la mejor manera de recaudar impuestos para la Administración Pública del Estado. La mejor manera, señores catedráticos, presidentes del gobierno, ministros de vuestros asuntos y demás interesados en la materia, es la que la mafia italiana ha llevado ha cabo durante años en los territorios de Calabría. Esa si que es una buena manera de llenar las arcas públicas y no la de hacernos rellenar todos los años la declaración de la renta.
Mi imaginación ya había descendido los cerros de Úbeda, alunizado en la luna de Valencia y surcado los mares de la Inopia (si es que la inopia tiene mar) para llegar a un nuevo estado de abstracción que solo yo conozco. Así, cuando aterricé de nuevo en mi asiento y miré el reloj, una grata sorpresa inundó mi alma: ya era la hora de irse. ¡Se acabó la jornada estudiantil! Vítores de júbilo por el dios del derecho se apoderaron de mi y si hubiera estado algo menos loco que Calígula, habría saltado entre las mesas de los demás afanosos “trabajadores del seso” para anunciarles la buena nueva. No lo hice.
Ahora comprendo lo que dicen los padres y las madres de todo el mundo cuando sus descendientes se quejan por algo: la vida es dura hijo (y lo cierto es, que qué sabré yo de vidas duras).

Después de comer volvemos al estudio, pero ya no interesa seguir contándolo, por lo que repaso el texto y me echo a llorar.
Al rato me digo que peor sería trabajar en la mina, así que sorbo las lágrimas y calmo mi llanto.
¿A quién le importa todo esto? Es algo tan corriente que debería ser borrado.
De repente me doy cuenta que el papel en el que escrito la historia no existe y que, lo que pensaba estar leyendo era la voz en off de lo que supongo, sea la historia de mi creador.

- ¡Yo no pedí nacer para vivir esta vida! ¡Soy un personaje de ficción, maaacho! ¡Podrías haber hecho que mi vida fuera extraordinaria, y sin embargo me haces estudiar todo el día!
- Vale que estamos en época de crisis, pero tío, dicen que en estos tiempos es cuando se agudiza el ingenio… ¡muy mal eh!

Así que el personaje bajo el dedo que hasta hace un instante apuntaba al cielo, recogió su mochila con apuntes y siguió andando cabizbajo.

En ese mismo instante, el escritor se levantó sigilosamente de la silla, recogió sus cosas y cerró la puerta. Tal vez escribir no fuese lo suyo y aquella interacción con su obra fue la manera de demostrárselo. El caso es que dejó su cuaderno por un tiempo y se fue a estudiar. Mientras miraba al cielo de camino a la biblioteca pensaba:- Anda que, yo tampoco pedí nacer para carecer de ingenio… pero, mejor me callo…