Música

martes, 23 de febrero de 2010

La Pequeña Taberna


He sido partícipe de una situación extraordinaria. Bueno, no solamente yo. Ella también lo fue y su presencia hizo más extraordinaria la situación. Nos convertimos en testigos y además fuimos personajes de aquel pintoresco momento.
Si fuese un conocedor del arte, bien podría asimilar esta historia con un cuadro de Toulouse Lautrec o algún otro de sus contemporáneos pero, como ni lo soy ni pienso documentarme ahora, me limitaré a narraros los hechos a mi manera, que esa, inherente, es la única herramienta que puedo utilizar.

La noche era fría en Burdeos y San Valentín comenzaba a alzar el vuelo ayudado de las alas de su brazo derecho, el andrógino Cupido (o lo que es lo mismo: eran las once y pico y en breve daría fin el día de los enamorados, vaya).
Las inclemencias del tiempo y las ganas de estirar un poco más la celebración, nos llevaron a buscar unas sillas donde acomodar nuestras congeladas nalgas y calentarlas a base de café “au lait”.
La música, al igual que al griego Ulises el canto de las sirenas, dirigió nuestros pies hasta un pub, el cuál no diré su nombre real, pero que llamaré: “La pequeña taberna”.
Como ya relevé, no soy ni artista ni aficionado al arte, así que no me queda otra que tomarme una licencia y dibujaros un boceto amateur del lugar de los hechos, que ese y no otro es el motivo de todo esto.

Reiterándome de nuevo, nos encontrábamos en una cafetería. Al frente observábamos una barra de bar larga, llena de botellas, cuadros y una máquina de café.
A la izquierda, una abertura en el muro blanco, daba paso a un pequeño pasillo que desembocaba en lo que suponíamos sería el restaurante.
A nuestra espalda, unos espejos enormes cubrían la pared hasta la mitad y en ellos, estaban escritos los precios de las consumiciones.
A nuestra derecha, un minúsculo escenario.
Todo el centro se encontraba abarrotado de sillas y mesas, y nosotros, ocupábamos una de las más cercanas a los espejos. Para dar fin al moviliario, lo decoraremos con rosa y verde claro, que era el color de sus paredes.

Ya tenemos el contenedor, ahora, llenemos de contenido.

En la barra, dos camareras. Frente a ellas, un joven francés con camiseta de marinero y cazadora de cuero marrón. Parece tan joven que dedujimos que la mayoría de edad le sentaba de estreno. A su alrededor, extras. Gente anónima, relleno necesario para hacer social el evento.
Giramos la mirada a la derecha y encontramos que, al fondo, junto a la entrada, el jefe, entrado en años, lucha contra el tiempo. Podemos deducirlo de su modo de vestir y su forma de mirar a una de las camareras. Habla con ella con cara de autoridad. Parece ligar ayudado de su madurez y la clase que cree, le da su estatus de propietario. Imaginaos un desarrollo a esta historia, que dejo colgada porque, como ya avisé, no es ese hoy mi motivo, sino el de describiros la escena.

Ahora un poco de música. Justo, al lado de la efervescente relación laboral, se encontraba el “Niño de Burdeos”, cantaor flamenco emigrante en Francia por razones que desconocemos, acompañado de los acordes de su inseparable amigo galo, “La fruit de mar” de Angoulême. Ambos, autores del sonido andaluz que nos envolvía e importadores del mismo, a las tierras francófonas.
A nuestra izquierda, los amantes del flamenco. Cuatro jóvenes con pintas de grupo indie francés, miraban absortos al escenario, mientras ayudaban con palmas muy bien coordinadas al desarrollo de la actuación. Eran habituales de “La pequeña taberna”. La visitaban semanalmente, a la espera de ser llamados por la diosa inspiración y poder conseguir su fama con el sonido independiente de la bulería-rock francesa.

Ahora, doy paso al boceto de la mesa final, la mesa frente a nosotros dos, la mesa que transformaba aquel momento en la escena que uno recuerda en su memoria y hace que un café se edulcore sin necesidad de azúcar. Algo tan empalagoso que escrito no comunicará todo lo que visualmente percibimos aquella noche.

Seis era el número que rellenaba la mesa, pero la mitad de ellos eras suplentes, por lo que los apartaremos de nuestra descripción. Ahora el resto:
El primero, un hombre mayor que bien podría pegar en una paisaje tipo playa de Benidorm o Mallorca en agosto, y con esto no hace falta que añada más a la descripción de sus rasgos. Bailaba a un ritmo inferior que el que dictaba la música, debido al zumo que dota al sur de Francia de su reconocimiento. Se acercaba a una joven muy delgada y muy coloradamente maquillada y era ella el motivo el segundo motivo de su agitación. La veinte añera tenía un cabello largo y liso que rozaba la frontera entre el rojo y el naranja, y su piel lechosa reforzaba más esa viveza de colores. Vestía una falda corta que le llegaba hasta más allá de la cintura y una camisa escotada. Reía y reía y no paraba de beber.
El tercer hombre era de lo más peculiar. Bajo una americana marrón, dejaba entrever una camisa y un chaleco de rombos, ambos rosas. Su media melena recordaba a un Frederic Beigbeder moreno y con barba, muy francés, y muy borracho.
No llegaría al medio siglo por falta de diez años y en su danza arrítmica gritaba al mundo que, pese a su edad, seguía careciendo de vergüenza.
La joven, el viejo y el bohemio, hacían las veces de bufones y enanos en las cortes reales y los demás disfrutábamos con sus bailes, abrazos, gritos de ¡ole!, ¡ole! y besos cercanos a los labios, requiebros de chaqueta al más puro estilo Manolete y taconeos arrítmicos y más vino en sus copas y frases en la oreja de la chica y la chica se ríe y ella que atiende a la escena interesadísima me da un codazo que significa: ¡Pero miralá! y yo, que la respondo con los ojos como platos afirmando con la cabeza la cabellera pelirroja giratoria y último sorbo al café y aplausos y saludo del maestro cantaor.

Para remate final, el bohemio enseñaba un roto en sus vaqueros que dejaba ver la nalga derecha. Una visión no apta para el día de San Valentín.

-Para mi que la pelirroja era puta seguro. Me dijo ella cuando abandonamos el local.
-Pues no se si la pagarán, pero esta noche les da una alegría a esos dos… te lo digo yo.

domingo, 24 de enero de 2010

Y...¡ACCIÓN!


Hasta aquí pudimos llegar aquella noche. Hablamos por teléfono y película después de la llamada. No es un plan demasiado excitante pero, a falta de historias propias, el celuloide hace las veces de vida real.
Descubrí el amor en Paris, más tarde, esquivé balazos en una trinchera. Nos dijimos adiós en el andén de una fría estación para, después acostarnos al pie de una hoguera en una cabaña perdida del bosque. Yo te dije te quiero, tu respondiste algo en un idioma de otro planeta. Al decirte que no entendí nada en absoluto, te ofendiste abofeteándome con un guante en la esquina de un palacete francés que hacia de decorado.
Acordamos no traer visitas a casa para que no vieran al extraterrestre que guardamos en el trastero pero, en la boda de nuestra hija, no tuvimos más remedio que dejárselo al Don para que recibiera las peticiones de la “familia”.
Encontraste un mapa del tesoro y en el momento de descubrir su verdadera posición, unos piratas te lo arrebataron de las manos para no descubrir el final de una manera tan rápida y de repente: BOOOOOM
Apago el video y la televisión. Salgo a la calle y existe un espectro lumínico más allá del technicolor. No vivo en Manhatan pero todo me resulta familiar. Enciendo un pitillo con un mechero Bic, ya que el Zippo me lo olvidé en un club social imaginario. Adelanto un poco el reloj hasta mi encuentro con los amigos de siempre, esos que existen en la vida real.
Vida real, también lo eres tú pasando por mi cabeza. Estomago encogido hasta parecer minúsculo. Taquicardia, músculos tensándose como en el anuncio de Gatorade. Sudor frío. Te acercas. Quiero un beso: BOOOOOOOOOM

-Joder. Entonces, ¿te gusto Malditos Bastardos? Seguro que eres de las que lamen el culo a Tarantino cada vez que caga una nueva película.
-No hables más de cine. Tu cruzada contra los tópicos empieza a molestarme un poco.
-Odio los tópicos, no puedo con ellos, son tan… no se, te esperas siempre lo que va a ocurrir.
-Ven aquí tonta.

Se besan. Tópico concluido.

-Jajaja. Menudo final. Un tonto que solo piensa en cine. Una miniconversación de lo más vacua y para acabar: “Se besan. Tópico concluido”. Que bueno.

martes, 24 de noviembre de 2009

Semanario Galway 6: El Día de Acción de Gracias


(¡Qué imagen!Me encanta el doble sentido)

Mañana es el Día de Acción de Gracias aunque nosotros decidimos celebrarlo el domingo pasado (a todos nos venia mejor).

Fue curioso formar parte de una fiesta tan ajena, pero a la vez tan familiar. Todos reunidos en el salón del apartamento de al lado, degustando la tradicional gastronomía americana del evento, riendo, charlando y descubriendo el por qué de aquella festividad.
Pavo, maíz, judías verdes, batata frita, pastel semidulce, bollería “ocasión especial”, tarta de chocolate y vino español, más concretamente de León (que, aunque no es muy común, siempre queda bien un vino) fueron los alimentos que “agradecieron” nuestros estómagos, sobre todo el mío, después de haberle castigado durante cuatro días a base de bocadillos y “fast food”.

Acción de gracias me pilló por sorpresa. Acababa de poner los pies en el encharcado suelo de Galway después de una visita a la capital holandesa y, el olor a pavo asado hizo nacer en mí un espíritu norteamericano que nunca tuve.
Me puse mis mejores galas para mimetizarme lo más posible en el entorno y así, descubrir desde dentro ese espíritu de unidad que hace que todos aquellos que vienen de intercambio a irlanda pero no necesitan aprender el idioma, se junten, acompañados de sus pupilos malangloparlantes, para disfrutar de aquella fiesta que todos conocemos gracias a la tele, pero que muchos ni siquiera saben a que santo se le dedica.
Pues bien, he de deciros que pese a que las gracias, originariamente se envíen por wifi al Señor de los señores (cosa complicada en Corrib Village, ya que aquí, internet es más independiente que los propios irlandeses y funciona cuando quiere), la raíz del asunto, posee unas pinceladas cuanto menos curiosas.
No seré yo el que corte y pegue de wikipedía, o por lo menos no en mi amado blog, así que resumiré en pocas palabras lo que la enciclopedia global y gratuita recoge sobre este asunto:

Hace mucho tiempo atrás (muchísimo si eres americano y cuatro días si eres europeo) unos protestantes ingleses desembarcaron en la costa de lo que ahora gobierna Obama. Su idea era establecer una colonia allí pero, al llegar el invierno y no tener calefacción, botas de gore-tex ni cazadoras The North Face, muchos de los que llegaron, acabaron algo más congelados que su tataranieto Walt Disney.
Los supervivientes a aquel frigorifico sin “non frost” llamado Massachussets, debieron su no transformación en “frigopies” a los indios de la zona, así que, agradecidos por la ayuda prestada por el colectivo indígena, decidieron compartir (como buenos futuros americanos) su comida con los susodichos salvadores.

Hasta aquí vamos bien. ¡Qué menos que invitar a un bocata al tipo que te acaba de dar una manta para que no mueras de frío!
De acuerdo, no me dejaré llevar por la ironía una vez más (que no es mi estilo) y acabaré por resumir el final de la historia. Luego, ya ironicen ustedes:

Pasó el tiempo y lo que era hermandad y compañía, acabo por convertirse en mal rollo.
Los wampanoag (claramente, son los indios, no los protestantes), comenzaron a sentirse incómodos con la masiva llegada de ingleses (imaginaos el lío de andar arropándolos todos los inviernos para que no se constipen y acaben doblando la servilleta), así que, entre riña y riña, acabaron llegando a las manos y, lo que comenzaron con la fraternidad y el compartir comida años atrás, terminaron por exterminar a casi la total población de indígenas.
FIN

Total, que allí estábamos todos, irlandeses, mexicanos, americanos y yo, llenando nuestros buches en la isla vecina de la que partieron hace tanto tiempo aquellos colonizadores y descubriendo (por lo menos en mi caso) el origen de algo que, debido a mi ignorancia, desconocía.
Fue divertido, lo pasamos bien pero, aunque la historia no me pareció tan graciosa como su propio nombre indica, yo me estaba riendo. Supongo que sería por que acababa de llegar de Ámsterdam…

lunes, 9 de noviembre de 2009

La ciudad marrón ya no lo es tanto


(Para saber la primera parte de esta historia, remítanse al post: “La ciudad marrón”, que se encuentra en la pestaña: 2008)

Lo recordaba como si fuera ayer.
La chica se acercó a su mesa y tomaron café. Hablaron y hablaron y terminaron por adjetivar como marrón a la ciudad que los junto en el mismo sitio.
A él le pareció curioso cómo un color puede expresar tanto.
Quedaron más veces, sus charlas se convirtieron en un semanario continuo, sin interrupción. Dialogaron sobre tiempo, futuro, pasado, colores, verbos. Descubrieron que se puede tener fobia a los pájaros, que tú color favorito cambia según las circunstancias, que la leche, si viene en botecitos se convierte en algo exótico, que Mérida puede no ser la capital de Extremadura si te lo propones.
Descubrieron el sabor de los helados, el chocolate, el gel antibacteriano, las películas en versión original, la música en común, los juegos de dibujar, el café solo y el café sin azúcar.
Descubrieron la pequeña barrera entre las mesas de la cafetería, y eso fue lo que los hizo comenzar con la charla.

A veces, recordaba %, las mejores conversaciones suceden en los cafés pero, lo cierto es que después de la última que tuvo con &, no había encontrado más que té con leche y bajas dosis de interés.
El último día, mejor dicho, el último café en buena compañía ocurrió hace mucho tiempo atrás (en realidad no tanto como él cree, pero al fin y al cabo, el tiempo que le importa es el que pasa por su cabeza, no el que estipula el calendario). Fuera, el Sol arrebataba el adjetivo de marrón a la ciudad, para convertirla en algo resplandeciente.
% liaba un cigarrillo mientras & dejaba su bolso encima de la mesa. Su mirada era muy alegre, en este caso, podríamos adjetivarla como verde.

-Cuando sale el Sol se te aclaran los ojos, ¿lo sabías?
-Por favor, que cursi eres %. Respondió & burlona.
-No soy cursi, es una cuestión de claridad.

Acabaron sus bebidas y se dijeron adiós (hablaron de más cosas, pero qué os importa). Ambos sabían que pasaría tiempo hasta que una ciudad, fuese la que fuese, volviera a juntarlos de nuevo.
& tuvo que marchar en busca del origen de las especies y %, algo cansado de su estática vida, decidió probar suerte con el negocio del aire embotellada, ésta vez en otro lugar.
Ahora, después de tanto tiempo, de tantos cafés para llevar, infusiones calientes y alguna que otra cerveza, % descubre por un momento la barrera del tiempo y se queda parado frente a un paso de cebra, sin mirar, simplemente analizando toda esta serie de eventos pasados.

-Hace casi un año de la primera vez que nos sentamos juntos, de aquel primer encuentro con &.

Si buscan en este texto, un final decente, propio de una historia que aunque no tenga mucho gancho inicial, puede que se solucione con un gran desenlace, solo tienen que cambiar % y & por su nombre y el de otra persona a elegir (¿están seguros de que viven en una gran historia?).
Si por el contrario, carecen de imaginación o de ganas para cambiar el rumbo del relato, les diré que es una opción poco arriesgada y muy propia de la mayoría, no por ello menos correcta.

En el mismo momento que % decidió pararse a contemplar su interior (también, ¡vaya sitio para hacerlo!), un coche pasó rozando la acera, lo que provocó que una ola de agua y mierda de la calle, salpicara al pobre “empanado sentimental” hasta calarle su propia melancolía.

Entonces, el protagonista, en vez de cagarse en todos los muertos del conductor, decidió abstraerse aún más, hasta el punto de pensar en que era él el que conducía y que, en un día lluvioso, tan realmente marrón como aquel, se dirigía camino de la cafetería de siempre a disfrutar de un nuevo encuentro con &.

martes, 3 de noviembre de 2009

Semanario Galway 5: “Big”


(Perdonen el retraso en el blog, pero estos días he tenido que atender una visita muy importante a la vez que esperada y no he podido actualizar así que, esta semana, habrá varios semanarios de golpe).

Parece que este semanario se ha convertido en un bombazo en Irlanda.
No es por dejar la modestia que me caracteriza aparte pero, es verdad.
La gente me pregunta por la calle con su peculiar acento “galwense”: ¿Eres el tipo del blog no? ¿De que hablarás la próxima semana? (claramente, en inglés).

Al principio me resultaba emocionante este reconocimiento local, pero al final resulta demasiado repetitivo. Tanto, que cansa. No puedo vivir con esta presión. Todo el mundo me pregunta por el blog y yo respondo: Wait until the next week!
Pero ellos me miran con una cara que expresa algo así como ternura y me dicen: Ok, see you man!
Lo cierto es que la vida en el extranjero para alguien que no este acostumbrado a otra cosa que vivir en su casa, no resulta para nada exótico, por mucho que pueda parecer.
Aunque, también, adjetivar a Irlanda como exótico… aun así, yo aviso, para el que quiera pedir una beca para el próximo año.
En un mes estás más que asentado.
Lo que en un principio era una aventura, como ir al supermercado y encontrar unos productos distintos o en envases del todo extraños, se convierte en el pan de cada día.
Lo que al principio era interesante como ir a clase, en un mes se convierte en complejo (derecho en otra lengua, no hay quien lo entienda a veces) o aburrido, como siempre.
Lo que al principio resultaba frustrante, como el hecho de que los pubs cierren a las 12 y los clubs (diferente significado que en España, aviso a los guarros) a las 2, ahora lo sigue siendo, aunque un poco menos.
Lo que al principio era una barrera, como lo era el idioma, ahora, desgraciadamente lo sigue siendo (aunque un pelín menos).
Vale, la vida no es tan corriente.
¿Recuerdan la película “Big”, protagonizada por Tom Hanks? Para los que no sepan la sinopsis, decirles que cuenta la historiadeunniñoquequieresermayor,echaunamonedaenunamaquinadelosdeseosysehacegrande.
Pues aquí es al revés. Cuando te vas de erasmus, es algo así como ser Tom Hanks, querer hacerse un poco más grande, ir a la máquina de los deseos y que ésta te conceda una beca miserable que vete tú a saber si nos la ingresan. Entonces, cuando crees que tú deseo está a punto de cumplirse, te encuentras en un país extranjero, hablando el inglés que los profesores te enseñaron en el colegio (si ellos no saben, que cojones te van a enseñar) o en la Escuela de Idiomas (ya dije que yo no soy de criticar…) y que tú apenas pusiste punto en aprender y que, cuando te quieres dar cuenta, todas esas ansias de crecer que tenías al poner el primer pie en el aeropuerto, se han convertido en una especie de metamorfosis de hombre a bebé, que apenas sabe comunicarse.

Pensándolo bien, el blog no ha sido tan exitoso porque, la verdad, no conozco a muchos irlandeses que hablen español, o en este caso, que lo lean. Sinceramente, creo que ni siquiera saben mi nombre.
Entonces, si no me preguntan por el semanario, ¿Qué coño querrán decirme?
Ahora entiendo sus miradas. Creo que significan algo así como: - Este tiene una empanada… ¡no está perdido ni nada el tipo!
Perdonen el pesimismo. A este paso superaré a “Las cenizas de Ángela” en nivel de depresión.

domingo, 18 de octubre de 2009

Semanario Galway 4: Semana de la salud mental


Esta semana se desarrollo en mi universidad la MHW, también conocida como, la Mental Health Week o Semana de la Salud Mental de NUI Galway.
Es curioso que se celebre una especie de evento como este y que desde lunes hasta el viernes se organicen actividades destinadas a preservar nuestro equilibrio psicológico.

Me encontraba sentado en el Larmor Theatre (osease, un aula magna con nombre propio, para todos aquellos que nunca hayáis salido de vuestra casa, ¡que todo hay que explicarlo!) intentando captar lo que la profesora de Comercial Law I soltaba en su cerrado inglés de Galway, cuando decide hacer un pequeño descanso a mitad de explicación para informarnos sobre la temática psiquiátrica de la semana.
Numerosas eran las actividades que se llevarían a cabo. Desde charlas, coloquios u obras de teatro, hasta fiestas con descuentos en cerveza Bavaria o quedadas con pizza gratis incluida. Pero en ese mismo instante y antes de retomar el hilo de su explicación, la profesora decidió dar paso a un par de videos que previamente había estado buscando en youtube:

-Vídeo núm. : Animadoras bailando en un gimnasio al son de “I´m working on sunshine”.

-Vídeo núm. 2: Animadores bailando en un escenario al ritmo de “I´m working on sunshine.
(Supuse que era algo para encontrar las diferencias)
Después de visionar aquello, todos nos miramos con cara extrañada, a lo que la mujer contesto que no era nada más que un “brake” para hacernos sentir mejor, que para eso estamos en la Semana de los “taraos”.
Vale. De acuerdo. Reconozco que aquello me puso de buen humor, más por lo cómico de la situación que por lo simpático del vídeo pero, nadie puede negarme que no es cuanto menos, extraño.
Estoy tan acostumbrado a que las clases de derecho se limiten solo a eso, que cuando de repente cambian el “interesante estudio de la venta de bienes” por los videos de baile que la MTV cuelga en Internet, pues que me asombro, fíjate tú.

Cambiando de tema para llegar al mismo punto, quería destacar el gusto en el vestir que tiene un alto porcentaje de la población aquí.
Parafraseando a cualquier vecina al azar diría: “Mira que yo no soy de criticar pero…”.
Pues si, yo no soy muy de criticar pero no soporto la facilidad y/o valentía que tienen muchos y muchas irlandeses para mezclar el chándal con los zapatos, el naranja chillón con el negro y el verderrematadoconaccesoriosplateados, el maquillaje con el “gotelé” o el chubasquero del Arsenal (véase también con los de cualquier equipo de rugby) con pantalones de pinzas.
No paro de pensar en el trozo de papel que encontré la semana pasada enganchado al arbusto y no puedo más que analizarlo junto con toda esta serie de “catastróficas desdichas”.
-La gente aquí esta fatal-, es uno de los pensamientos que sin pasar por el filtro de la moral aparece primero en mi mente pero, si me pongo a organizar la información e intento llegar a algún punto coherente, no hago más que acercarme a un límite que no conozco y que ni siquiera pienso rozar.
Prefiero que cada uno siga su rumbo y dejar las cosas en su sitio, que no quiero acabar necesitando una semana de salud mental.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Semanario Galway 3: Mimetismo animal


Pasaba las horas conversando con Gilderoy.
-Qué cortos son los días del otoño irlandés.
- Más lo serán en invierno. Me advirtió mi consejero.
Es muy probable que consiga acostumbrarme a ellos pero me angustia pensar que este maldito horario termine por domar mi carácter.
- Lo bueno de este clima es que te hace saborear mejor el té.
- Tienes razón mí querido Gilderoy, aunque presiento que el gusto cambia porque sabes donde te encuentras, no porque en realidad sea cierto.
- No desperdicie la felicidad de las pequeñas cosas mi querido amigo, puesto que es lo único que nos queda. Si dejamos escapar las alegrías cotidianas, ¿qué nos aguardará más?
- Esta claro que este país no esta hecho para mí.
- Esta claro que este país no está hecho para los inconformistas. Añadió Gilderoy.

Asombrado me hallo con el descubrimiento de esta pequeña lectura.
Resulta que en uno de mis paseos matutinos, mientras descubría de nuevo el maravilloso paisaje que se encuentra justo detrás de mi residencia (miren la foto), poso la vista en un arbusto y encuentro enganchado este texto.
El texto estaba en castellano y algunas de las palabras finales habían desaparecido como consecuencia del mal tiempo pero, el amarillento papel que tuve la oportunidad de descubrir, dejóme maravillado, cuanto menos.
Por si no lo saben, estoy en Galway, ciudad donde las haya (¿y dónde las hay? Se preguntarán ustedes) y, en mis años de vida que pasan de sobra la veintena, nunca había leído un pasaje que se encontrara enganchado a un arbusto, en un castellano tan bien cuidado.
Qué extraño, insólito documento, no puedo parar de pensar en su dueño o creador (ya que he omitido anteriormente que el papel estaba escrito a mano, con una depuradísima técnica caligráfica). Leo y releo el papel en casa, y cuando tengo tiempo, imagino historias a partir de sus personajes.
Quienes serán, por qué el dichoso texto está escrito en castellano estando donde estaba, cuál es la razón de su añeja forma de hablar si el papel, aunque amarillento, no tiene pinta de estar escrito hace más de 10 años, qué alguien me explique la razón de su esmerada escritura, algo así como con letra de cuadernillo rubio de colegio privado.

Todo esto me preguntaba yo, tal como está escrito, sin signos de interrogación ni nada, porque cuando uno piensa, no necesita signos para entonar sus pensamientos y, por más que le daba vueltas al asunto, no conseguía llegar a ninguna conclusión.
Por tanto, llegados al punto en que mis elucubraciones no paraban de toparse una y otra vez, decidí dejar de lado por un tiempo el asunto, y volver de nuevo la vista hacia el horizonte porque, dice el dicho que el que no piensa es más feliz, así que, al carro del No Esfuerzo, ¡me apunto el primero!

Después de esto, que acaeció hará exactamente varios días, apenas he tenido tiempo para seguir analizando minuciosamente el contenido de este continente llamado Irlanda, pero he llegado a una conclusión y es que si algo me gusta de verdad, es el fútbol.
El fútbol es la mejor manera que tiene un español con poca idea del inglés para entablar conversación con un irlandés universitario de primer año y encima, caer bien. Todos conocen al “Barzlonae” y al “Sivile” (Sevilla) o al Medride y todos se emocionan al hablar de nuestra liga y de nuestros jugadores. Por eso, me dedico a dar consejos, o más bien me dediqué (ya que el irlandés que vivía en mi piso termino por marcharse, thank god!) durante varias jornadas acerca de las apuestas que llevar a cabo en los “Bookmakers”. Tiene gracia, esto es lo que yo llamo mimetismo animal.

Camaleones del mundo, ¡uníos!